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En esa época y en ese grupo...

      A la par de la innegable influencia del genio en solitario, que construye mundos de la nada, como un Ameghino, en la vida científica se dan en algunas raras ocasiones, conjunciones de personas y circustancias que crean ambientes especiales, fermentales, cuya influencia marca y deja huellas indelebles en sus protagonistas, y se extiende en el tiempo por generaciones. Ése parece ser el caso de algunos sectores de la bioquímica de la Facultad de Medicina de los años 60, según han venido testimoniando últimamente en forma independiente, algunos de sus protagonistas. Así Eduardo Mizraji:

    " Eran tiempos de pobreza. Las bibliotecas estaban casi sin suscripciones. Conseguir un artículo científico era un intrincado y muchas veces fracasado proceso, mediado por esperas interminables, a la merced de un servicio de correos casi totalmente imprevisible, donde los tiempos de llegada de correspondencia parecían fuera del control humano. Éramos un país mayoritariamente desesperado. Pero en esa torre de Bioquímica fuimos felices.
   Yo me incorporé al grupo de Mario Calcagno por 1969, y allí ya estaban Enrique Arrambide y José Levy. Y algo más lejos, en la torre opuesta por la diagonal, el venerable y extraordinario Horacio Goyena y su joven colaboradora Cristina Arruti, trabajando en el mitológico Laboratorio de Cultivo de Tejidos, eran unos extraños y rigurosos asociados al grupo algo desmelenado y caótico que dirigía Mario. .....También estaban cerca de nosotros el sobrio rigor del Profesor Israel Korc y el humor recubierto de hosquedad de Eugenio Prodanov".(E. Mizraji, en la Introducción de El segundo secreto de la vida, Trilce, Montevideo, 1999.)

      A partir de estos ambientes, donde bulle la libertad, la creatividad y el apasionamiento intelectual, se generan verdaderos linajes científicos, cuyas influencias estimulantes se pueden propagar por generaciones, y sus consecuencias se pueden rastrear por décadas en la vida cultural de una nación.

 

En la foto se observan de izquierda a derecha a: Eugenio Prodanov, Silvia Chifflet (actualmente ocupante de la torre), Luis Acerenza, Eduardo Mizraji, Mario Calcagno y Julio Hernández. 


      Así lo reconoció también Rafael Radi en ocasión de la entrega del título de Profesor Emérito de la Facultad de Ciencias al Prof. Prodanov:

"  En el 59 [Prodanov] se vincula a la Cátedra de Bioquímica, y acá sucede un hecho vital que va a transformar la carrera de Prodanov, y luego también, por qué no, la carrera de muchos de nosotros: es la llegada a Uruguay de John R. Totter, un investigador que vino contratado por la Facultad de Medicina y que en ese año 59 puso a funcionar una serie de técnicas para medir una serie de moléculas, que en aquel entonces se consideraban totalmente por fuera de la biología, que pertenecían a un mundo etéreo, a un mundo casi de ciencia-ficción: eran los radicales libres.
  En los próximos años, a partir de la ida de Totter, Prodanov tomó como joven Grado 1 del departamento, esa linea de investigación y la lideró con energía, entusiasmo y creatividad, por los próximos 40 años.
   El centro entonces del trabajo de Prodanov, ha sido fundamentalmente el estudio de la formación de radicales libres en sistemas biológicos, y la aplicación y el desarrollo de técnicas quimio-luminiscentes para su estudio. Y debo decir que fue un adelantado. Prodanov asistió a las primeras etapas del descubrimiento de los radicales libres en sistemas biológicos. Y la historia oficial de la Bioquímica todavía sigue diciendo que fue en 1969 cuando aparece la primer evidencia de formación de radicales libres en sistemas biológicos utilizando reacciones quimio-luminiscentes, y en realidad nosotros sabemos, y lo sabe un pequeño grupo de gente a nivel internacional, que el descubrimiento uruguayo del primer "sistema artificial luciferina-luciferasa" como detector de radicales libres había sido 10 años antes con John Totter y algunos resultados comunicados por Prodanov en revistas de difícil acceso, como los Anales de la Facultad de Medicina.”

      Rafael Radi, y también Eugenio Prodanov en esa ocasión, llamaron la atención sobre la influencia de John R. Totter, que se extendió también a Mario Calcagno y Claudio Scazzocchio (otro de los protagonistas), recientemente nombrado Doctor honoris causa de nuestra Facultad

Claudio Scazzocchio y Mario Calcagno en acción

      Pero ese mismo ambiente un poco loco y un poco bohemio, dividía las aguas. A la vez que era leído por unos como el colmo del dilettantismo improductivo, provocaba en otros apasionamientos y despertaba vocaciones. 

      Las consecuencias de cuidar y cultivar ese ambiente, multiplicadas y potenciadas por la reconstrucción científica nacional de fines de los '80, se pueden encontrar hoy diseminadas en varias de las vertientes que confluyeron en la creación del PEDECIBA y la Facultad de Ciencias.
 

AP/



 

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